🐕 Don Pepe
Mire, Don Pepe no es solo un perro, es el compañero de todas mis mañanas. Desde que me jubilé, él es quien me espera para el primer mate y me acompaña a caminar por la plaza. Pero los años no pasan solos, ni para uno ni para ellos. Aquel martes, Don Pepe se ve que se desorientó un poco; salió por el portón que quedó apenas arrimado y se fue caminando, como buscando un recuerdo.
Cuando me di cuenta de que no estaba en su rincón, sentí que me faltaba el aire. Lo busqué por todas las cuadras cercanas, preguntando a cada vecino, pero nadie lo había visto. La noche se me hizo eterna, con la correa colgada detrás de la puerta y el plato lleno, esperando.
Al otro día, recibí un llamado que me devolvió el alma al cuerpo. Un muchacho de un barrio vecino lo había encontrado echado en una vereda, cansadito. Me contó que vio la chapa de i-Dog y que, como no se llevaba muy bien con la tecnología de los códigos esos, entró a la dirección de internet que figuraba ahí y puso el número de identificación a mano. Al ver mi teléfono, no dudó en llamarme.
Fui a buscarlo en el acto. Ahí estaba él, con sus ojos nublados pero moviendo la cola apenas me escuchó la voz. Don Pepe ya está de nuevo conmigo, descansando al sol. A veces las cosas modernas, como este sistema, sirven para cuidar los tesoros más antiguos que uno tiene.